EL BOSQUE DE LA GENEROSIDAD

Después de meditar, las cosas se ven de distinta manera, pones un punto de distancia con lo que te ocurre, el día a día muchas veces es como los árboles que no te dejan ver el bosque, en este caso el día a día, en ocasiones, no te deja ver tu vida.
Meditar te ayuda a relajarte, coger distancia de las cosas y, además, a mí me sirve para darme cuenta de los temas que me llegan a la mente y pueden convertirse en una reflexión.
Hoy la inspiración vino de la mano de una imagen que me llegó con fuerza: un bosque  en el que los árboles son brazos de amor, la copa de esos árboles son manos tendidas, sus ramas son dedos de esas manos. Un bosque de generosidad dispuesto a dar cobijo a todo ser humano que necesite sentir amor.
Árboles
Porque sin generosidad, ¿qué sería de todos nosotros?
Desde antes de nacer vivimos de ella. Somos concebidos por dos seres humanos que deciden unir sus cuerpos y compartirse con generosidad y, a partir de ese instante, sobrevivimos gracias a esa generosidad y a la de la multitud de personas que nos iremos encontrando en el camino de la vida y que dejaran en nosotros su huella para, ya sea desde el buen o el mal ejemplo, -todos serán necesarios-, nos ayuden a crecer y desarrollarnos como personas.
Pero el bosque generoso, el bosque de amor que me vino a la mente y que es fruto de esta reflexión, es un bosque muy especial, es ese bosque que tenemos todos, o deberíamos tener, y cada uno de nosotros, ese bosque que nos cobija, que nos tiende la mano y en el que  se siente el amor. Ese bosque en el que acudimos a refugiarnos cuando algo nos perturba y necesitamos reencontrarnos. Un bosque donde todo es comprensión y donde no se nos juzga. Todos tenemos uno, un refugio de personas que nos conocen y nos apoyan, que nos perdonan sin hacer preguntas, que nos dicen las verdades y no lo que queremos oír. Un lugar al que poder acudir siempre…
Benditos aquellos que poseen un bosque de amor, porque esos árboles no sólo le dejaran ver el bosque sino que le guiaran por la vida con el corazón.
Mayar, día a día, procurando que más y más brazos conformen mi bosque particular y  que los míos formen parte de los bosques de otras personas, porque la generosidad y el amor es el camino en la vida y lo único que al final valdrá la pena ser recordado…
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