Sabías que… Sentir empatía es básico en nuestra evolución y alivia el sufrimiento

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Es cierto que en nuestra sociedad actual, términos como el de la empatía, es decir, la habilidad para tomar la perspectiva de otros, tienen difícil encaje.

No podemos olvidar que la empatía surgió hace millones de años y que desde ese momento cambió nuestra manera de comportarnos y, a partir de ella, nada fue igual. Todo comportamiento que llevara implícita la interacción con otros individuos mejoró gracias a esta asombrosa capacidad.

Hoy en día en una estructura social que huye despavorida de cualquier sufrimiento y emplea cualquier excusa para alienarse es difícil que, conceptos que deberían ser sinónimos de humanidad, sean considerados como prioritarios.

Hablamos de excusas que, en esta selva darwiniana en la que habitamos, desnaturalizan la comunicación emocional, tanto de manera afectiva como efectiva, y que provocan la incapacidad de sintonizar con la compasión. No hemos de olvidar que compasión procede del latín cum padecere, es decir “padecer con”. Desgraciadamente vivimos en una sociedad despiadada en la que incluso se alardea de la ausencia de empatía.

Claro que mostrar empatía, significa un sacrificio y no es de extrañar, por lo tanto, que, si se entiende como “padecer con”, la compasión suscite en nosotros, por lo general, una profunda resistencia y hasta un sentimiento de protesta, de aversión y huida. La sociedad actual nos ha educado a salir huyendo ante los problemas, no ha enfrontarlos, sobre todo si los problemas son los de los demás, de ahí nuestra falta de empatía.

Sólo un apunte científico que reafirma la importancia de la empatía en nuestras vidas y su capacidad para aliviar el sufrimiento en el ser humano: “Según una investigación llevada a cabo por la Universidad de Michigan con 550 pacientes de un hospital, reveló que los pacientes que habían sido tratados por profesionales con mayores niveles de empatía estaban más satisfechos y se recuraban antes. El grupo de estudio confesó sentirse más confiado de la interacción con los médicos y se hacían más responsables de su enfermedad. También se comprometían más con sus tratamientos y había menores tasas de abandono de la medicación”. Es una realidad que cada día más los pacientes deseamos que nuestros médicos estén preparados académicamente, pero que también tengan otras características que contribuyan a su profesionalidad, en definitiva que los haga más personas, más humanos.

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